10-07-07

El Sindicalismo Siguiendo el Camino de la Modernización

En Busca de Concertación y de Nuevos Instrumentos de Protección, el Sindicalismo Chileno se Construye una Nueva Identidad

Históricamente, los sindicatos han aspirado a representar los intereses de un grupo socialmente diferenciado, con una cierta identidad y valores propios. Este tiene por objetivo, entre otros, asumir la representación y legítima defensa de sus asociados, así como promover los intereses económicos, sociales y culturales de los mismos.

El sindicalismo representa, esencialmente, el punto de vista del productor frente al dueño de los medios de producción y frente al consumidor, en lo concerniente a la reforma del trabajo actual, a la organización de la industria, y no solamente en la pretensión de obtener mayores salarios, sino también por una reivindicación social.

El modelo de crecimiento “hacia adentro” o sustitución de importaciones implantado en la mayoría de los países latinoamericanos a partir de la década de los treinta, impulsó la industrialización y el mercado interno, y con ello favoreció el surgimiento de la clase obrera y de sus organizaciones sindicales. Estas últimas tuvieron un peso y una influencia significativa en la configuración del sistema económico, social y político. Esto lo lograron no sólo gracias a sus niveles crecientes de organización y sus luchas, sino también gracias a sus aliados, los que fueron, sobre todo, los partidos políticos. Ciertamente que estas modalidades de ejercer influencia y de articularse con los mediadores dio resultado en la organización, ideología y formas de acción del sindicalismo. Repercutieron de manera diferenciada, impregnando en uno u otro sentido al movimiento sindical.

Este modelo de desarrollo “hacia adentro”, permitió el surgimiento de, por lo menos, tres tendencias sindicales con distintas ideologías, orientaciones, programas, formas de organización, de lucha y acción.

Primero se encontraba el sindicalismo de clase, en segundo lugar, el sindicalismo populista, y la tercera tendencia corresponde al llamado sindicalismo libre, que en Chile se denominó gremialismo; lo que en la década de los 80 y 90 se redefinió como sindicalismo de mercado.

Pero este panorama cambió, cuando el modelo sustitutivo de importaciones entró en crisis, lo cual arrastró consigo las formas de representación sindical que coexistieron y se desarrollaron bajo el imperio de dicho paradigma. De esta manera, los cambios estructurales que afectaron a las sociedades latinoamericanas en la década de los ochenta y que se prolongaron hasta los 90, influyeron profundamente en las organizaciones de los trabajadores y en la acción sindical.

La acción sindical en Chile esta marcada por fechas de gran importancia. En 1973, fue el año en que cambiaron radicalmente todas las dimensiones (políticas, económicas y legales), incluyendo al área laboral. En el año 1982, sobrevino la crisis económica recesiva provocada por el excesivo endeudamiento de la economía chilena. En 1988, se viven los momentos de cambio en el contexto político, tras la derrota de Pinochet en el plebiscito y el advenimiento del régimen democrático. Y los años 1991 y 1992, son los primeros años de democracia, identificados en lo laboral por ciertas reformas legales y por la voluntad política para impulsar la concertación entre el gobierno, los empresarios y los trabajadores. Son estos algunos de los contextos, que influyeron profundamente en los movimientos sindicales.

Los cambios objetivos que experimenta el mercado del trabajo están impactando fuertemente en la subjetividad de los trabajadores. La desaparición del empleo estable o de por vida, la estabilidad laboral como un fin social a proteger, la vida más efímera de las empresas, la atomización de las mismas, la fuerte variabilidad que experimentan los ingresos, el desplazamiento físico de los lugares de trabajo, la temporalidad y precariedad de los empleos; inciden fuertemente en los trabajadores. Además, modifica la priorización de sus demandas y expectativas.

El movimiento sindical del colegio de profesores, pertenece a la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), es de carácter autónomo, y está guiado por el sentido de la reivindicación salarial y profesional. Este sindicato, integra a la Asociación Latinoamericana de Educación, como también la Asociación Mundial de Educadores. Éstas, proponen construir y sistematizar un conocimiento sobre el sindicalismo docente en la región, en el convencimiento de que ello será un aporte, a favor del mejoramiento de nuestros sistemas educativos.

Según Adolfo Antipan, el Movimiento Sindical del Colegio de Profesores de Chile se ha planteado como objetivo unificar los criterios y planteamientos, a fin de hacer aportes en relación al tema de la educación, y postularse como conocedores, sabedores de las necesidades educacionales del país y por ende, marcar presencia en este sentido.

Este movimiento ha venido lidiando con diferentes grupos partidistas que existen en el país, cuyo interés ha sido utilizarlos para sus fines políticos, teniendo una visión sesgada de lo que es la educación. Careciendo, además, del eje central de lo que el gremio de profesores quiere hacer, que es atender a una demanda fuerte, relacionada con una educación pública de calidad y con acceso para todos.

Adolfo Antipan, considera que el Estado es el encargado de entregar la educación tomando en cuenta la situación geográfica del país, los distintos habitantes, sus costumbres y concepciones de la vida, lo que hace necesario que haya un patrón cultural que los dirija. Por lo tanto, lo que se exige es que el Estado es quien sostenga la educación, que participe y determine las políticas educativas y no sean los grupos económicos dominantes de la sociedad de hoy los que las determinen.

Esta organización gremial, se encuentra en un constante diálogo con el Ministerio de Educación en relación a lo que significa la integración de los niños en Chile, representando los intereses de los profesores, pero también, exigiendo ser partícipes de los cambios que se implementen cuando se planifiquen las políticas educacionales.

El proyecto « Sindicalismo Docente y Reforma Educativa en América Latina », se propone construir y sistematizar un conocimiento sobre el sindicalismo docente en la región. Lo que promueve esta organización sindical es la defensa de la educación pública, para así hacer visible la realidad educacional de América Latina. Además, ir generando un mayor espacio para la integración y reconstrucción de una fuerza social, que sea capaz de disputar la codirección del proceso de globalización, a fin de modificar el actual modelo en desarrollo, introduciéndole dimensiones más justas y humanas.

Es importante destacar, que el actual escenario neoliberal no es él más apto para el desarrollo de los movimientos sindicales, generando más bien un receso de los sindicatos que un crecimiento de ellos. Ante la ola de cambios que históricamente han sufrido los sindicatos (legal, político, económico y cultural), se han visto obligados para seguir funcionando, a cambiar su lógica de acción sindical, pasando del conflictivismo hacia la concertación. Cambio que pone en juego muchos elementos arraigados en la tradición e historia sindical: la delimitación de los intereses particulares, la noción de conflicto y de negociación, y el papel de las alianzas. En suma, la misma identidad del sindicato se pone en juego.

Por lo tanto, mas allá del propio vigor que puedan tener las fuerza sindicales, ya no es desde la oposición al sistema donde se va construyendo un proyecto unitario, de integración e identidad, sino más bien a través del camino de la concertación social con el gobierno y los empresarios. Lo que llevaría a nuevos tipos de organización para mejorar la representatividad y reconstituir la identidad de sindicato en sectores estratégicos como fuentes de poder.

Ahora, es importante partir preguntándose ¿La actual forma de organización de los trabajadores es capaz de enfrentar eficientemente la explotación empresarial? Esta pregunta, representa una de las tantas interrogantes que nos hacemos hoy en día en la era del neoliberalismo. Sistema que junto a la apertura económica al mercado internacional, acompañada por una legislación laboral débil y la privatización de las empresas estatales, han debilitado la acción sindical.

Por lo tanto frente a este contexto, el sindicalismo tiene como único camino gestionar la modernización para ser capaz de hacer propuestas sobre el Estado, el mercado y la lógica de las relaciones sociales. Y para esto, tiene que contribuir a la creación de una concertación social con el gobierno y los empresarios, pero al mismo tiempo tratar de impulsar un cambio, principalmente en el plano de las relaciones laborales de la empresa.

En este nuevo marco en que se inserta el sindicalismo actual, la pregunta de fondo es ¿Tenderá el sindicato a ser una reliquia que desaparecerá paulatinamente por no ser relevante?. Ojala que no, ya que el sindicalismo hay que considerarlo, mas que un fenómeno estructural sin salida, más bien como un desafío, donde deberá asumir los nuevos temas: el empleo flexible, las nuevas tecnologías que impactan sobre el empleo, la calificación, la salud y seguridad, el salario, la organización del trabajo, la organización sindical y la conexión entre movimientos económicos y culturales. Desarrollando al mismo tiempo, nuevas lógicas de acción y nuevos procesos de construcción de identidad.

Notes:

Véase Neoliberalismo y Movimiento de los Trabajadores (Colección CLAT), y Democracia sin Movimiento Social (Michaela Hellman).


Esta ficha fue realizada en el marco del desarrollo de la alianza metodológica ESPIRAL, Escritores Públicos para la Integración Regional en América Latina.

Entrevista a ANTIPAN PILQUINAO, Adolfo, profesor de educación diferencial y dirigente del Colegio de profesores de Chile. Integrante del nuevo movimiento denominado: Fuerza Social y Democrática.


Este artículo fue escrito por la compañera Karla Urzúa de Sociología y está enmarcado en el tema de identidad e integración chilena, léanlo y critiquen.

09-06-07

Política y Postmodernidad

Una Realidad en una Sociedad de Incertidumbres

Tanto propagandas políticas como discursos populares clamaban por un cambio en la estructura de organización social de nuestro país, sin saber o tener conciencia que dicho cambio tan anhelado ya había ocurrido; más aun este cambio aparecería como el principal factor explicativo de la estructura social sobre la que se desenvuelve hoy nuestra nación.

Con la caída del muro de Berlín y el término de los socialismos reales, la ideología sobreviviente se expande por todo el mundo apoyada en el proceso de globalización, el cual materializa el símbolo más visible de dicha ideología: la teoría del liberalismo clásico resurgida como neoliberalismo expansivo y generador de un gran mercado mundial del que todos los países son participes quiéranlo o no.

Particularmente en Chile, el mencionado cambio estructural tiene que ver directamente con la novedosa transformación de la plataforma económica y su consecuente efecto en el mercado del trabajo, desde la cual emergen los nuevos principios de estructuración de la sociedad chilena, principios que giran en torno a dos focos: el primero es la trascendencia del mercado como principal mecanismo de coordinación social y el segundo es el proceso particular que adquiere la individualización como trayectoria vital de los individuos.

Manifestación de ello es que la sociedad funciona fuera de mecanismos asociativos, el individuo funciona solo, tratando de insertarse en los mercados. Más aun, el propio mercado del trabajo se plantea como un mercado de bienes cualquiera, donde en conjunto con la incorporación de las trayectorias vitales del individuo se anexan los principios de incertidumbre, demanda y volatilidad de todo mercado. Este hecho induce finalmente a que todas las relaciones laborales estén condicionadas a cómo la economía se fracciona bajo esta perspectiva.

En esta mixtura de matices que caracterizan nuestra cultura, uno de los aspectos transversales a todo momento histórico por los que hemos atravesado, es el quehacer político de cada país en sus distintos procesos de consolidación civil y gubernamental.

Sin embargo, particularmente en los últimos 20 años hemos asistido a procesos simultáneos de globalización, internalización, homogeneización e información constantes, que han influido de alguna manera en las dinámicas sociales de nuestra nación.

Específicamente, uno de los fenómenos que se destacan en la actualidad son los relacionados con el ámbito político, particularmente la crisis de la política respecto a su falta de convocatoria en la sociedad civil. Es precisamente nuestra intención aventurarnos, desde aquí, hacia el debate sobre hechos que creemos se han reproducido desde la economía manifestada en el mercado del trabajo, hacia la política representada por los modelos democráticos actuales.

Sin bien, en este sentido, los politólogos coinciden en que la existencia y función de la política es insustituible, y que por consiguiente, es requisito fundamental para consolidar los sistemas democráticos, la contrastante desconfianza ciudadana constituye un síntoma de la evidente crisis por la que atraviesan la institución del poder, contribuyendo además a denotar la percepción ciudadana de lejanía respecto a la misma.

Sin embargo, al insistir en el concepto de poder, sigue aflorando una característica de actualidad y novedad nunca antes tan fuertemente notada, y es que la política como fenómeno se ha consolidado primero como un proceso integrado de distintas esferas reconocibles como instituciones globales y se ha consolidado además, como un proceso cuyo pilar fundamental parece ser en particular una de estas instituciones. Así, el mercado reflejando a los sistemas económicos de producción, comercio y trabajo ha cimentado una estructura característica que hoy –agregamos tentativamente- tributado hacia la política y su particular ejercicio del poder; y hacia los sistemas de gobierno y administración, la iconografía del ‘’hacer por el hacer’’, frase sin motivo aparentemente especifico y que deja al descubierto una época que hace girar a la política en una dirección nueva.

Dicha dirección y sus procesos son integrados por el colectivo, siendo expresados de forma cultural en un tipo de sociedad hoy llamada post-moderna, donde aparecen agentes catalizadores de las características del proceso del cual hablamos.

Este texto fue escrito por Roy Díaz, estudiante de Sociología de la ULARE, es un extracto de la presentación que realizó en el congreso de Sociología del 2005 en la Universidad de Concepción, léanlo y comenten que les parece.

02-06-07

Literatura Postdictadura: una Mirada Hacia un Pasado Común

Dictaduras Latinoamericanas que se Hicieron Sentir en las Letras.

La literatura latinoamericana ha estado en constante estado de renovación, producto de los distintos períodos sociales que la han condicionado. Es así que, con anterioridad a las dictaduras de la década de los 70, predominó la llamada literatura fantástica, ésta utilizaba los elementos insólitos, maravillosos y mágicos para poner en crisis ciertos órdenes establecidos. La literatura fantástica, sirvió para mostrar que la realidad no es tan inmóvil, ni tan única como aparenta ser. En los años 50 por ejemplo, el argentino Julio Cortázar: escribe Bestiario, Final del juego y Las armas secretas. Más tarde surge el mexicano Juan Rulfo, con la temática de la relación vida y muerte, en su obra Pedro Páramo y en los años 60, la literatura fantástica culmina con el Realismo Mágico, cuyo mejor exponente es el colombiano Gabriel García Márquez.

La generación del 60, se caracteriza por la irrupción de lo cotidiano y por el desparpajo del lenguaje, entremezclando los elementos del habla popular con giros poéticos que, junto a estructuras innovadoras (como dejar de lado la narración lineal y omnisciente), dan vida a temas sociales, a la crítica y al humor.

Según Carmen Orellana, la literatura post-dictadura es una línea narrativa que trata temas como el exilio y el dolor, la vida y la muerte; relacionados estrechamente con el desarraigo de los países, del origen y de la identidad. Como es de esperar bajo cualquier régimen autoritario, la literatura sufrió graves trastornos producto de la censura y la autocensura.

Específicamente en Chile, existieron dos generaciones surgidas en períodos de gran convulsión social: la primera es la de los Novísimos, en la década del 70, y la segunda, conocida como N.N, vivió su juventud marcada por el golpe militar de 1973 y la dictadura.

Dadas las condiciones de aislamiento en esos tiempos (los espectáculos, la vida nocturna y los viajes eran prácticamente imposibles); se vuelve a los autores clásicos. Lo anterior redunda en una literatura diversa en temas, lenguajes y formas, en las que ambas generaciones expresan sus anhelos de libertad, así como sentimientos de solidaridad y justicia.

De esta situación nace la llamada Literatura Chilena de Exilio, una literatura reflexiva sobre la historia reciente de Chile. Entre los representantes más conocidos de esta vertiente figuran nombres como Antonio Skarmeta, Poli Delano y Ariel Dorfman, todos fundamentales para las letras latinoamericanas de la segunda mitad del siglo XX.

En la nueva narrativa chilena, escrita entre los 80, durante los regímenes autoritarios, y los 90, tal como en la Argentina, existe una fuerte tendencia a utilizar la forma detectivesca para enfrentar la realidad. Esta es la denominada novela negra, siendo Edgar Allan Poe, el verdadero padre de este género. La novela negra, es el reflejo de países como Chile, que viven bajo una atmósfera asfixiante, por el miedo, la violencia, la falta de justicia, la corrupción del poder y la inseguridad. Es así, como esta nueva narrativa permite compartir ciertas lealtades culturalmente determinadas, que van a ir generando una identidad en esta clase de actores sociales, que han sido marcados por el desarraigo, el miedo y la muerte.

El modo privilegiado para rescatar el pasado es un formato policial que permite una excelente posibilidad de hacer literatura realista, y de tematizar el contexto social y político de un país bajo un régimen dictatorial. En su mayoría la nueva novela negra continental conforma una narrativa realista en torno a hechos criminales que suscitan una investigación. Así, recoge las inquietudes del individuo actual, del habitante de las grandes urbes, inmerso en sociedades donde su destino parece decidido por variables políticas y de poder que pocas veces coinciden con sus intereses.

La novela negra en general, y la hispanoamericana en especial, se destaca por la denuncia del abuso del poder estatal del régimen militar; por la glorificación de la dimensión ética de la verdad y de la justicia en la convivencia humana; por su rescate de valores humanos como la solidaridad y amistad.

La literatura post-dictadura, ha permitido formar una identidad en aquellos sujetos que han sido víctimas de dictaduras, con una atmósfera asfixiante, con miedo y violencia; donde los regímenes dictatoriales han llegado a apoderarse de la vida de los individuos, interviniendo en las esferas más íntimas de los sentimientos humanos. A través de relatos, que intentan tematizar la realidad social y política de su país, bajo un régimen dictatorial, se va formando y moldeando esta identidad colectiva.

Finalmente, el fenómeno de la literatura post-dictadura, al estar vinculado con el quiebre político y existencial de Latinoamérica, ha permitido dar cuenta de los grandes cambios que surgieron en estos períodos: de la espontaneidad y la reacción emocional al terror y la retirada. Desde la perspectiva de la literatura post-dictadura se pueden observar cómo fueron cambiando los roles y las certezas de una sociedad, que no sólo ha tenido fracturas políticas y sociales, sino también fracturas existenciales.

Es importante destacar, que la dictadura tuvo un impacto profundo en la psiquis colectiva chilena, que se detectó básicamente por la literatura post dictadura: una desconfianza hacia todo lo que es espontáneo y emotivo, una inseguridad acerca de lo que gusta y no gusta, una inseguridad acerca de que como cambiar las cosas cuando a uno le gustan y una tendencia a no cambiar, sino a buscar el acuerdo y el consenso en cualquier caso. En definitiva miedo a la discusión. Así nos encontramos con una sociedad domada, un Chile que fue aplastado por el régimen militar, generando que la fantasía imaginativa rebelde estuviera bajo cautela. Con la muerte de la democracia también muere la poesía, dejando a un país sin fuerza movilizadora de la historia.

La literatura chilena y latinoamericana en general han tenido variadas vertientes, siendo la literatura post-dictadura una de las que más hincapié ha puesto en decir ciertas verdades que han estado ocultas en el acontecer nacional y latinoamericano.

La literatura, se nutre de la historia de nuestros países y ante un pasado común de contextos dictatoriales, no es de extrañar que hayan surgido corrientes literarias contestatarias a esta realidad. Principalmente, tendientes a promover una mejor sociedad y colocar de manifiesto ciertas certezas, que se trastocaron, principalmente, durante estos períodos, como por ejemplo, el respeto a la vida humana y el valor inalienable de la libertad

Notes:

Véase, Cuento Fantástico Latinoamericano, e Identidad y Realismo en la Narrativa (Adolfo Couve).

Esta ficha fue realizada en el marco del desarrollo de la alianza metodológica ESPIRAL, Escritores Públicos para la Integración Regional en América Latina.

Este artículo fue escrito por la compañera Karla Urzúa de Sociología, el texto está bueno, léanlo y comenten que les parece.

20-05-07

Sexo y Género: una Discusión Teórica

A continuación presentamos un artículo escrito por el estudiante Roy Díaz, el cual está a puertas de titularse. Esta discusión es elemental en estos días para poder ejercer cierta diferencia teórica y práctica entre las diferentes modalidades de género que vienen apareciendo de un tiempo hasta ahora.

Una de las prácticas humanas que acompañan a hombres y mujeres desde los primeros tiempos de su concepción como especie, son las practicas sexuales.

Esfera tan natural como la alimentación o el descanso, la sexualidad acompaña nuestra existencia desde sus orígenes, sirviendo incluso como base para la constitución de las primeras formaciones sociales descifradas por la antropología. Y es que las relaciones de tipo parental se articularon como los primeros vínculos humanos del tipo gregario, solidificando a través de esta vía, las distintas tribus del amanecer de nuestra cultura.

Sin embargo, la naturalidad de la sexualidad como práctica humana desde su concepción reproductiva, no tiene por que olvidar la trascendencia psico-social que adquirió la misma, con posterioridad a la formación de los primeros grupos sociales; dado que de una u otra forma, la sexualidad se transformó en un identificador y organizador de la vida social de los sujetos en colectivo, situación que se ha establecido de manera más o menos regular hasta nuestros días.

De la misma manera, la sexualidad como práctica se ha llenado de valoraciones, normas, estereotipos, creencias y producciones a lo largo de nuestra historia, conformando lo que hoy es quizás una de sus más potentes denotaciones, la identificación de roles de género.

Tan potente ha sido esta instalación de lo sexual en la vida social e individual de la humanidad, que hoy es común oír hablar de relaciones de sexo-género para estipular el tipo de vinculo psico-social entre dos o más individuos dentro de una marco de diferenciación rólica.

Sin embargo, traer a colación este tipo de evidencia solo indica una cosa, que detrás de esta constatación existe un motivo de debate, y es que según creemos, las relaciones de género y las relaciones sexuales tienen una diferencia sutil pero significativa que pone en cuestión toda una concepción estereotípica sobre roles de sexo y género de manera distinta.

A simple vista, el genero y el sexo debieran tener una correspondencia casi natural, como reza la ortodoxia en esta materia, por lo que se pudiera pensar en que sexo masculino y femenino debieran tener una correspondencia en género masculino y femenino respectivamente. Entendiendo al sexo como la disposición natural de diferencia sexual (hombre y mujer) y al género como disposición social de roles respecto al sexo (masculino y femenino).

Hasta ahora lo enunciado pareciera no presentar mayor problema, pero el debate se tranza cuando constatamos que en la práctica los enunciados anteriores no tienen una correspondencia perfecta, y con esto nos referimos a la evidencia de la homosexualidad como realidad históricamente declarada.

Desde esta perspectiva, la homosexualidad se plantea como la ruptura de los axiomas anteriormente profesados, pues lo que el sexo ha determinado en un sentido como hombre y mujer, por otro se configura como la ruptura de la correspondencia entre esta determinación y la determinación social de roles acordes con dichas disposiciones sexuales.

Así por ejemplo, entendemos como existe la posibilidad de tener una orientación sexual en una dirección y una tendencia o adscripción de género por otra.

Puntualizando más, la disposición sexual de los individuos tradicionalmente daba lugar a la adopción de un status de género concordante, el cual posibilitaba a su vez la adopción (e imposición) de una serie de roles acuñados a tales disposiciones. El hombre es guerrero o padre, cazador o proveedor; la mujer es labradora o madre, recolectora o criadora; e incluso el nivel emocional fuerte y débil, recio o sensible caracterizan a uno y otro género respectivamente.

Desde esta visión, la homosexualidad vendría a cuestionar y fracturar esta disposición psico-social planteando la incongruencia entre sexo y género.

Pero, como es nuestra intención, si vamos más allá, la misma homosexualidad dentro de su expresión plantea de igual forma los resabios de estas constataciones contradictorias respecto al sexo y al género.

Por ello, al adentrarnos en el debate nos percatamos de una diferencia particular que nos llama la atención, y es que la tendencia homosexual en el sexo femenino no cuestiona la adopción del género femenino como identificador social de la mujer, mientras que cualquier atisbo de conducta homosexual en el hombre plantea un cuestionamiento y perdida del género adscrito como identificador social.

Esta diferencia, ya constatada por la psicología, se nos abre como una interrogante trascendental respecto a las relaciones de sexo y género que se desarrollan en las distintas esferas de la sociedad

14-05-07

Santiago Desfigurado






Las fotos nos muestran un Santiago que no estamos acostumbrados a ver, alo mejor por nuestra ceguedad, por no querer abrir los ojos, nos perdemos de estos momentos que ocurren en una fracción de segundos y sólo son posibles de captar con el lente de una cámara, ya que este lente no está lo suficientemente apurado como para perderse estos momentos. Puede ser que la desfiguración de una cosa, no sea en si mismo algo trastornado, simplemente es poner atención y calmarse un poco para poder observar cosas que antes no las podíamos ver a simple vista. La percepción nos engaña, los sentimientos nos engañan, pues engañémoslos nosotros también tratando de mirar las cosas desde otro punto de vista, un punto de vista más centrado en la posibilidad de cambiar la realidad, transformándola en algo como estas fotos o en lo que se le pueda ocurrir al ser humano. No todo es lo que parece, ya que todo cambia, depende de cómo lo percibamos y sintamos a la vez.

Santiago puede ser recreado, puede ser reinventado, puede ser lo que uno quiera que sea, es cosa de cambiar la perspectiva para poder darse cuenta en donde está uno parado y a la vez, poder ir reinventando todo desde esa misma capacidad de darse cuenta en donde uno está. El objetivo de estás fotos es mostrar el lado B de un Santiago colapsado de gente, contaminación, edificios, calles, y tantas otras cosas que nos afectan día a día, un lado B que lo muestra una cámara, como también lo podría mostrar nuestra imaginación o nuestra capacidad para recrear todo lo existente, como decía, es cosa de saber donde está uno y desde esa misma perspectiva comenzar a jugar con las posibilidades que se nos van presentando, se puede lograr mediante psicoactivos, cámaras fotográficas, cámaras de video y tantas otras cosas aceptadas por el discurso actual, pero ¿Quién dice que no lo podremos lograr solos? Es hora de dejar a un lado lo que el sistema nos entrega y comenzar a crear algo nuevo, algo fuera de ese discurso y fuera de sus mecanismos de embobamiento, me refiero a empezar a pensar por uno mismo, la imaginación es la mejor arma que tenemos, ocupémosla sin desfigurarla con elementos de otra índole.

Las fotos y el texto son de Maximiano Contreras, estudiante de Sociología de tercer año.